Las críticas al sistema se multiplican luego de que la promesa de prosperidad y dignidad para todos fuera incumplida.
En realidad esa promesa no había sido hecha sinceramente. Era un arma propagandística en el enfrentamiento entre dos grandes potencias. No se podía derrotar a la URSS sin ganar las voluntades de millones de personas que potencialmente podían convertirse en comunistas o por lo menos empezar a cuestionar al sistema.
Pero esa propaganda no estaba basada en solo una necesidad geopolítica. No. Había una razón mas profunda. El sistema si funcionó. Bajo condiciones muy especificas le dio a millones de personas una mejor vida no solo en el plano material sino también en lo social, lo cultural, lo psicológico. Recordemos que el sistema es en cierta medida natural. Ahí yace el originalmente su poder.
El énfasis puesto en lo material es una de las razones por la cual la critica al sistema se volvió aburrida y repetitiva. Lo unidimensional agota rápidamente a muchos. Hay que reconocer que no a todos y que esta critica es en general correcta.
La otra parte de la ecuación es tan importante como aquella.
El sistema es una concatenación de voluntades dentro de una corriente de pensamiento poderosísima.
Uno de esos cúmulos de voluntades contiene a los que se aprovechan de quienes no están contentos consigo mismos.
La construcción de los individuos se da simultáneamente a la victoria del sistema. Este individualismo tiene como consecuencia la mirada hacia uno mismo. Esta mirada no siempre encuentra lo que quiere encontrar.
Los defectos reales o imaginarios, que en otra Era serian solo una cuestión secundaria en la vida de una persona, se vuelven algo de lo mas importante, tal vez lo mas importante.
Un producto de belleza, un suplemento dietario, un libro sobre como ser mas exitoso y un largo etc.
Millones de todo tipo de productos son vendidos apelando a las inseguridades de las personas.
Un consumidor inconforme consigo mismo va a consumir una y otra vez en busca de esa perfección que quiere. En muchos casos no llega siquiera a eso. Muchos fueron convencidos de que ni siquiera son parte del promedio, que tienen que esforzarse para lograr llegar a ser uno mas.
Pero no nos confundamos. No hay un plan general para lograr que las poblaciones se vuelvan una serie de individuos inseguros y con la autoestima baja. Esta ola de autodesprecio surge también naturalmente, como el sistema mismo.
Lo que tenemos que analizar son las consecuencias de esto.
Las personas terminan odiándose a si mismas. Algunos se vuelven consumidores perfectos gastando y gastando para lograr alguna de las imágenes que alguna de las ramas del sistema puso como ideal.
Pero muchos otros, quizá la mayoría, no pueden siquiera sumarse a esa búsqueda. Son los que reciben toda la energía negativa sin poder tomar ninguno de los brebajes y pociones que le darían cura.
Entonces se empiezan a pudrir desde adentro. La energía negativa se acumula y se suma con el paso del tiempo. Las mentes se debilitan y el espíritu se apaga.
El sistema esta creando estos zombies porque su propia dinámica lo provoca.
No puede dejar de hacerlo.
Pero este material humano dañado ya deja de servirle una vez cruzado cierto umbral psicológico. Por ahora estos seres dañados no son la masa critica de ninguna población. Pero año a año sus legiones aumentan.
Inútiles para trabajar, para consumir, para vivir. Simplemente dejaron de funcionar. Muchos se refugian en sus familias si es que las tienen, muchos terminan en las calles.
La insatisfacción es crónica, endémica, pandémica.
Algunos de estos miserables adoptan otra actitud. Odian.
Se vuelven odiadores de todo. A veces esconden este odio nacido de la insatisfacción con ellos mismos con alguna ideología. Muchas veces ni eso.
Estos tampoco sirven bien al sistema. No pueden construir realmente, solo destruir. Si no pueden destruir a otros para satisfacer su deseo de venganza contra el mundo entonces se destruyen a si mismos.
Esta ola de energía negativa llega mas rápidamente a los rincones mas lejanos del mundo que el sistema como organización. Tal es el poder de esta ecuación de la anti-vida que esta destruyendo a las personas que ni siquiera se habían integrado plenamente al sistema.
En lo profundo del África negra o en las selvas del amazonas los jóvenes se comparan con modelos de las redes sociales, sus deseos son moldeados por algoritmos pensados para convertirlos en consumidores, algo que no pueden hacer.
Ya los tiempos cuando el hombre del sistema representaba el epitome de la raza humana pasaron. El hombre del sistema es uno débil, cobarde, ruin, traicionero, triste, consumido por el odio y el resentimiento.
No es casualidad que los pocos que puedan correrse aunque sea un poco del campo de acción de la anti-vida sean quienes pueden derrotar a los ejércitos del sistema. Por ejemplo los talibanes.
Para la mayoría del resto de los mortales ser talibán no es posible. Pero si vamos a pensar en salir de esta máquina de sufrimiento y miseria tenemos que plantearnos seriamente exorcizarnos de los criterios que esta nos impone. Esto es lo mínimo que hay que hacer para poder sobrevivir.
Si queremos salvar a la raza humana tenemos que destruir a la máquina, haciendo desaparecer para siempre la ecuación anti-vida que dio lugar.


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