Cringe


 Ya no dudo más de que las constantes tragedias y humillaciones que tenemos que vivir se deben a la ira vengativa de los dioses que dejamos de adorar. 

Luego de la muerte de DIOS estás fuerzas primigenias lograron reconstruirse desde los márgenes de la existencia. Nos olvidamos que a los dioses no se los puede matar. Se los puede derrotar, desmembrar, partir en un millón de piezas. Pero aún en ese estado no están muertos realmente. 

Durante miles o cientos de años esos fragmentos divinos estuvieron esparcidos en muchas dimensiones, usados por nosotros como combustible, cómo amuletos, cómo ladrillos, cómo metáforas, cómo conceptos, cómo símbolos, cómo adornos, cómo burla.

Pero luego del EVENTO las fuerzas universales cambiaron sus constantes. Los fragmentos y las partículas elementales imbuidas de voluntad divina comenzaron a moverse. Volver a reconstruirse en sus formas originales fue imposible. Podemos inferir que estás inteligencias ajenas tampoco siquiera intentaron hacer eso. 

Cómo al principio del universo, fuerzas conocidas y desconocidas agruparon en cúmulos a partes y partículas de diversos dioses. Así quedaron constituidos nuevos seres, nuevos dioses, aún más bastos e incomprensibles que los dioses originales. 

Prontamente nos observaron. Nuestras transgresiones eran incontables e imperdonables. Algunos de estos nuevos dioses, multi dioses, trans-dioses, se apresuraron en castigarnos por medio de las viejas técnicas de la guerra y la violencia. 

Pero el crimen de la humanidad era demasiado grande. 

Un millón, diez millones o cien millones de muertes no eran suficientes. 

El castigo tenía que ser total. Todos y cada uno de los humanos debían sufrirlo por cuántas generaciones quedarán de esa desgraciada especie. 

En una broma genocida, la misma tecnología de la que tan orgullosa están los homo sapiens es usada contra ellos mismos. 

Un espejo en el cual se observan constantemente, mirándose, analizándose, comparándose los unos a los otros. 

La humanidad debía morir humillada, aterrorizada por la imagen total de sí misma.

Una nueva fuerza fue creada. Está iba a contrarrestar todo impulso humano vital. Pegajosa y contagiosa, rápidamente encapsularía a la mayor parte de la humanidad ahogando a cada individuo en los aires viciados de su propia descomposición. 

Como insulto final está fuerza tenía que ser conocida. Y no como algo etéreo, incomprensible, sino que sería conocida perfectamente, entendible y nombrada. Pero aún así no se podría escapar de ella. 

Así los nuevos dioses, los hiper-dioses, disfrutan de un gran espectáculo patético. 

Expresar una opinión da cringe, ser sincero da cringe, querer ser realmente libre da cringe, querer expresar amor da cringe, ser uno mismo da cringe. 

Mejor no hacer nada, mejor amoldarse, mejor ser nada, mejor morir. Peor sería dar cringe.

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