Anarquismo de Derecha



Por Karlheinz Weißman

El concepto de anarquismo derechista parece paradójico, de hecho, oximorónico, partiendo desde la suposición de que todos los puntos de vista políticos “derechistas” incluyen una evaluación particularmente alta del principio de orden… En efecto, el anarquismo de derecha ocurre sólo en circunstancias excepcionales, cuando la hasta ahora velada afinidad entre el anarquismo y el conservadurismo puede hacerse aparente. 

Ernst Jünger ha caracterizado esta peculiar conexión en su libro Der Weltstaat (1960):

Der Anarchist in seiner reinen Form ist derjenige, dessen Erinnerung am weitesten zurückreicht: in vorgeschichtliche, ja vormythische Zeiten, und der glaubt, daß der Mensch damals seine eigentliche Bestimmung erfüllt habe. (…)
In diesem Sinne ist der Anarchist der Urkonservative, der Radikale, der Heil und Unheil der Gesellschaft an der Wurzel sucht.

"El anarquista en su forma pura es aquél, cuya memoria se remonta más en el pasado: a lo prehistórico, incluso a lo mítico, y que cree que el hombre cumplió en ese momento con su verdadero propósito. (…)

En este sentido, el anarquista es el ur-conservador, el radical, que busca la salud y la enfermedad de la sociedad en sus raíces."

Jünger más tarde llamó “Anarca” a este tipo de anarquista “conservador” o “prusiano", y refirió su propia “désinvolture” como de acuerdo con la misma: un retraimiento extremo, el cuál se nutre y se arriesga en las situaciones límites, pero sólo permanece en una relación observacional con el mundo, ya que todas la instancias del orden verdadero se disuelven y una “construcción orgánica” no es aún, o no será jamás, posible.

Aunque el mismo Jünger fue influenciado inmediatamente por la lectura de Max Stirner, la afinidad de tales pensamientos complejo con el dandismo es particularmente clara. En el dandy, la cultura de la decadencia a finales del siglo XIX personificada, que por un lado era nihilista y ennuyé, por el otro ofrecía el culto de lo heroico y el  vitalismo como alternativa a los ideales progresistas.


El rechazo de las jerarquías éticas actuales, la preparación para ser “no apto, en el sentido más profundo de la palabra, para vivir” (Flaubert), revelan puntos comunes de referencia del dandy con el anarquismo; su estudiada frialdad emocional, su orgullo y su aprecio por la sastrería fina y los modales, así como la pretensión de constituir “un nuevo tipo de aristocracia” (Charles Baudelaire), representan la proximidad del dandy a la derecha política. A esto se suma la tendencia de los dandies políticamente inclinados a declarar simpatía a la Revolución Conservadora o a sus precursores, como por ejemplo Maurice Barrès en Francia, Gabriele d’Annunzio en Italia, Stefan George o Arthur Möller van den Bruck en Alemania. El autor japonés Yukio Mishima pertenece a los seguidores tardíos de esta tendencia.


Además de esta tradición de anarquismo de derecha, ha existido otra tendencia, más antigua y en gran medida independiente, conectada con circunstancias específicamente francesas. Aquí, al final del siglo XVIII, en las etapas posteriores del ancien régime, se formó un anarchisme de droite, cuyos protagonistas reclamaron para sí una posición “más allá del bien y del mal,” una voluntad de vivir “como a los dioses”, y que no reconocieron valores morales más allá del honor personal y el coraje. La cosmovisión de estos libertinos se hallaba íntimamente unida con un ateísmo agresivo y una filosofía pesimista de la historia. Hombres como Brantôme, Montluc, Béroalde de Verville, y Vauquelin de La Fresnaye sostuvieron al absolutismo para ser una materia prima que lamentablemente se opuso a los principios del antiguo sistema feudal, y que sólo sirvió a deseo de bienestar económico de la gente. Actitudes, que en el siglo XIX volvieron a encontrarse con Arthur de Gobineau y Léon Bloy y también en el siglo XX con Georges Bernanos, Henry de Montherlant y Louis-Ferdinand Céline. Esta posición también apareció en una versión específicamente “tradicionalista” con Julius Evola, cuyo pensamiento giraba en torno al “individuo absoluto”.


En cualquier forma en que el anarquismo de derecha aparezca, siempre es conducido por un sentimiento de decadencia, por el desprecio a la era de las masas y por el conformismo intelectual. La relación con la política no es uniforme; sin embargo, no pocas veces el retraimiento se torna en activismo. Cualquier unidad más allá está ya negada por el individualismo altamente deseado de los anarquistas de derecha. Nota bene, el término es a veces adoptado por hombres –por ejemplo, George Orwell (anarquista Tory) o Philippe Ariès– que no exhiben signos relevantes de una ideología anarquista de derecha; mientras que otros, que exhiben objetivamente estos criterios –por ejemplo, Nicolás Gómez Dávila o Günter Maschke– no hacen uso del concepto.


Comentarios

  1. Ultra, buen artículo. Traer a Weißman, Jünger y la figura del dandi a la mesa es un ejercicio fascinante para entender cierta mentalidad política. Pero, si me permites darle una vuelta de tuerca a esto, creo que Weißman se equivoca de mapa y de héroes. Ese "Anarca" de salón no es de derechas, ni es anarquista.

    Piénsalo: el dandi de Baudelaire o de Evola se refugia en su "frialdad emocional" y su "sastrería fina". Es una rebelión puramente estética. Su pose requiere un público; el público requiere una plaza; y la plaza le pertenece al Estado. De nada sirve el pesimismo aristocrático si tu cuerpo, tu dinero y tus datos siguen bajo el reflector del Estado Alto Modernista. El dandi no es el enemigo del Leviatán; es, en el mejor de los casos, su mascota más educada. Se rebela con cara de aburrimiento, pero paga sus impuestos.

    No nos confundamos: añorar las patologías de las viejas élites dirigentes —como aquel Imperio Español que asfixiaba el florecimiento de la cultura y el comercio bajo su monopolio burocrático— no es defender un orden natural, es ser un estatista nostálgico.

    Para encontrar un anarquismo de derecha real y empírico, tenemos que cambiar las gafas de Jünger por las de James C. Scott y Anthony de Jasay. Y aquí llego al núcleo del asunto: si definimos a la verdadera Derecha como la defensa de la Opacidad, entonces ser de Derechas es reclamar el derecho a que te dejen en paz. Es el derecho a ser invisible para el poder político.

    La modernidad, es cierto, trajo una paradoja fascinante. Por un lado, nos regaló la opacidad urbana, liberándonos de la asfixiante norma de la tribu premoderna (esa que te exigía entregar cuerpo y alma a la comunidad). Pero, por otro lado, sustituyó al cacique por algo peor: el Estado intervencionista que quiere auditar hasta tu respiración. Frente a esto, el mercado libre y la socialización sana emergen no como ideologías, sino como las verdaderas leyes naturales de la sociedad humana. Y esas leyes siempre encuentran refugio en la opacidad.

    Ya sé lo que podrías objetarme aquí: "¿Opacidad? ¿Me vas a poner de ejemplo de tu derecha a un lugar pobre como la favela o a unos campesinos aislados?"

    Acompáñame en este ejercicio de imaginación radical.

    Mira a Brasilia. Es el clímax de la Izquierda (el Estado Alto Modernista). Diseñada desde cero por planificadores de escritorio, es la negación de la vida orgánica, carente por completo de mētis (ese conocimiento práctico de la gente). Es una ciudad estéril donde el Estado puede medir y vigilar a todos.

    Ahora mira la Favela (o Cuba), o a las comunidades de Centroamérica que escapan del Estado ("Zomia", según Scott). La favela no fue planificada. Creció orgánicamente a través de acuerdos voluntarios y pura acción humana (lágrimas y sudor) espontánea, proveyendo sus propios bienes sin coerción, tal como de Jasay demostró que es posible (el mercado en estado crudo).

    Ojo, no idealizo la pobreza. Pero preguntémonos: ¿por qué es pobre la favela? Desde luego, no le falta vida ni espíritu emprendedor. La favela es pobre porque el Leviatán la asedia. Porque el Estado castiga la opacidad negándoles la integración formal de su capital y obligándolos a operar a la defensiva. Son pobres porque el Estado los criminaliza; pero están vivos porque el orden espontáneo los sostiene.

    El Estado moderno exige que estés siempre "en armas" en la esfera pública: te exige que votes, que declares, que te registres. Este concepto despoja a la derecha histórica de sus burócratas y se la entrega a los héroes de la opacidad: el contrabandista transfronterizo, el campesino autosuficiente, el constructor informal y el comerciante que usa efectivo.

    Ellos no necesitan escribir tratados sobre la decadencia ni usar trajes a medida. Ellos, simplemente, escapan de la red. Y al hacerlo, son mucho más letales para el sistema que cualquier dandi de salón.

    Un saludo, y excelente debate.

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